Reflexiones sueltas: reggaetón y derechos humanos

“Aguantar dos horas de reggaetón da para violar todo el derecho internacional humanitario en defensa propia”.

Comentando el artículo Canciones que se han usado para torturar, muy curiosamente no soy el único en pensar que el reggaetón y aberraciones conexas podrían ser usadas como medio de tortura. Porque lo son.

P.D.: “La gente, el reggaetón y, dice Pineda, la anarquía, se apoderaron de la noche del barrio.” Crónica de la vida nocturna de Caracas, la ciudad más violenta de Sudamérica. Ahí lo dejo.

Reflexiones sueltas: autoayuda

“Si los libros de sirvieran, se habría escrito sólo uno”.

Will Fergusson

La autoayuda es a la sabiduría lo que la homeopatía a la medicina. Cuando uno necesita un buen consejo es cuando más aparecen los seguidores de la autoayuda y su colección de frases bonitas sin sentido.

Y es que la autoayuda es tanto una estafa como un buen negocio, pues no hay mucho que inventar. No hay que esmerarse mucho en crear consejos como  “lleva la felicidad dentro de ti, o no la encontrarás afuera”, o reciclar un montón de frases de otras personas -que muchas veces son falsas o apócrifas-, o el colmo, de otros libros de autoayuda. Siempre he necesitado consejo, y ya sea que me salgan con la Biblia o Paulo Coelho, o con esa actitud de “tengo una respuesta para todo”, siempre termino con ganas de hacerles la misma pregunta (y con la misma actitud):

AUTOAYUDA

Comprando acciones de Bancolombia

El pasado 10 de febrero, Bancolombia inició una oferta pública de acciones preferenciales que permanecerá abierta hasta el día 28. Pues bien, a la luz de mis cambios de prioridades en lo relativo a finanzas personales, decidí comprar un paquete menor de 200 acciones* (el mínimo es de 100), al precio de suscripción de $23.200 por acción. La idea era mover unos ahorros ociosos por segunda vez, como había sido antes con un paquete mínimo de Ecopetrol (en la primera emisión, afortunadamente). Sin embargo, a pesar de lo prosaico de un trámite bancario, hubo algunas cosas para reflexionar.

Lo primero: comprar acciones de bancos no da lugar a doble moral. Quejarse y renegar es gratis, pero según mis nuevos referentes en esto de las finanzas, si la gente cree que que los bancos son unos privilegiados en este país, entonces ¿por qué la gente no compra acciones de bancos? ¿O por qué la gente no usa más inteligentemente los servicios bancarios?

Han sido muy reveladores los comentarios, sobre todo negativos (algunos con fundamento), en los medios digitales que han cubierto el tema, o el hashtag #DueñodeBancolombia (abierto por el propio banco), en los que cualquier autor de finanzas personales encontraría una actitud de conformismo, frustración y rechazo al progreso económico verdadero.

Lo segundo: cuanto menos curioso me pareció que en la sucursal en donde consulté sobre el tema, no supieran responderme a la pregunta: ¿qué hace preferencial a la acción que ofrecen? ¿O qué diferencia hay con las acciones ordinarias? Aparte de leer lo mismo que dice la página, sólo supieron decirme: “no dan derecho a voto”. Justamente decidí comentarlo en Twitter como respuesta a una imagen-parodia de las campañas de educación financiera de los bancos. Bancolombia respondió, pero en la sucursal tuve la impresión de que había más interés por completar cuotas o algo así.

De todas formas, como dicen que uno se arrepiente más de lo que no hizo que de lo que hizo, opté por comprar. En el mundo de las finanzas hay mucho expertólogo y analista y según algunos esta acción puede llegar a fin de año hasta los $32.700 por acción, aunque para entonces sólo queda esperar a ver. Si no fuera porque las consultas financieras no son gratis, habría esperado una buena asesoría. Sin embargo, por muchos enemigos y hasta víctimas que pueda tener, estamos hablando de un banco. Muy malo habrá de ser un banco para que le vaya mal en este país. A diferencia de la segunda etapa de Ecopetrol, esta vez creo que no hay mucho que pensar.

*Actualización: al final me adjudicaron 115 acciones. Si pedí 200 es porque estoy en capacidad de pagar 200, pero en el fondo siempre tuve la impresión de que se trataba de una subasta.

Sobre la reeducación financiera

Hablar de re-educación es hablar de algo que salió mal desde el principio, de corregir algo sacado abruptamente del camino de lo bueno, lo correcto o lo deseable. Sólo se habla de reeducación cuando forzosamente hay que hacer algo que no hubiera sido necesario de haber funcionado una educación adecuada, o de no haberse hecho demasiado tarde. Igual con un hábito que con una vida entera, cuando uno se da cuenta de que algo no está bien, el primer paso para corregirlo es olvidar todo lo que uno aprendió, y lo que el mundo enseñó y sigue enseñando. Y si el individuo, la sociedad, el país o el mundo funcionan mal, es porque todo lo que han aprendido funciona mal. Y para colmo, es lo que se sigue enseñando. Y por supuesto, mal.

¿Por qué a la enseñanza secundaria que incluye cosas útiles en la vida como dibujo técnico, programación o contabilidad se le dice “bachillerato técnico”, y a la que enseña cosas inútiles como danzas, artesanías o religión se le llama “bachillerato normal”, “académico”, o incluso “educación vocacional”? Llama la atención que la educación sea sólo una forma de adiestramiento para la dependencia, que las finanzas personales no se consideren importantes, y que la única relación de la educación con el dinero sea enseñar las destrezas suficientes para que alguien consiga un empleo y una hipoteca. Es cierto que aquí y ahora la inflación “baja”, el consumo “aumenta” y la economía “crece”, pero el desempleo sigue siendo alto, y no parece que exista una relación entre educación y desempleo, o entre educación y pobreza. O sí la hay. Si la educación en este país tiene un propósito, seguramente sea algo que no tenga que ver con la vida cotidiana.

Prueba de ello es que mucha gente no tiene la menor idea de cómo administrar el dinero ni su economía personal o familiar. Cuando no merece que la estafen, la gente solo sabe ahorrar lo que más pueda, abrir un CDT, o adquirir una hipoteca para comprar una casa, arrendarla y dejar que “se pague sola”. O comprar acciones como las de Ecopetrol, que hoy valen menos de lo que pagaron por ellas en la segunda emisión (“No hay mucho que pensar”, decían; “es Ecopetrol”, decían). Y hablar de “educación financiera” es aun más triste: o nadie sabe lo que es, o sólo los bancos, los especuladores, o los vendedores de autoayuda financiera saben lo que es.

Sobre estos últimos, el más conocido es Robert Kiyosaki. Su mayor logro precisamente fue poner de moda el concepto de educación financiera, al punto de casi asociarla con su obra más famosa, Padre Rico, Padre Pobre. Es un buen libro, pero al tener pocos consejos concretos es más considerado un libro de autoayuda que de finanzas personales. Recomienda aprender a distinguir entre activos y pasivos, y su mayor consejo se resume en que la riqueza se construye invirtiendo en activos que generen ingresos pasivos (aquellos que no requieren del trabajo). Un buen consejo pero no más concreto que “consiga más dinero”. Suficiente para despertar la curiosidad e instar a investigar más, aunque uno se encuentre con la otra cara de la moneda.

Algunos consideran a Kiyosaki un farsante, bien por aprovecharse de sus seguidores, por haber fingido una quiebra para no pagar una deuda, o simplemente porque su logro fue hacerse rico vendiendo libros sobre cómo hacerse rico (como los vendedores de métodos para la lotería). Los “autoayudantes” dicen que cuestionar la relación entre ética y dinero al creer que el dinero es “malo” y que los ricos son “malos”, no ayuda a atraer la prosperidad, pero ejemplos como éste o sus favoritos como Bill Gates, George Soros, entre otros, tampoco ayudan. El nombre del juego es hacer dinero, y es un juego de suma cero: si alguien gana es porque alguien más pierde. Capitalismo darwiniano, que llaman.

Después de saber qué es el dinero, lo lógico es saber luego qué hacer con él. Ahorrar es bueno, pero en este país, las cuentas de ahorro son puro sarcasmo. Rendimientos que no compensan ni las cuotas de manejo, CDTs con rendimiento apenas superior a la inflación (hoy los bancos pagan al año entre el 3 y el 6%), y otras opciones “riesgosas” es todo lo que ofrecen los bancos, que tienen utilidades infames pero siguen abriendo sucursales con diez ventanillas y tres cajeros (porque los servicios financieros son costosos). Supongo que hay otras opciones de inversión pero ningún asesor bancario en horas de almuerzo ha sabido explicarme bien.

Por último, Internet. Más allá del comercio electrónico, publicidad, pagos por clic o juegos de azar, lo mejor que ofrece Internet son dos opciones: Forex (el mercado mundial de divisas) y las opciones binarias. Aparte de Wikipedia, no he podido encontrar una definición imparcial de ambas sin pasar por sitios promocionales o que afirmen que son estafas. Por ejemplo, consideré invertir en opciones binarias hasta encontrar un muy buen artículo que describe lo que pensé desde un principio: que sólo son apuestas con base en los movimientos de la bolsa. Y al parecer Forex es para expertos bursátiles o especuladores en potencia -por más que hablen de odontólogos o amas de casa ganando dinero mientras otros duermen-.

Sé que desde antes de Instagram la gente no lee en Internet, o si lo hace, no lee textos de más de 140 caracteres. O que tener un blog no significa que lo lea alguien. Pero aún así me arriesgo a pedir consejo a la red de redes sobre qué hacer con mi dinero. ¿Alguien me puede recomendar algo? ¿Sin usar palabras como “pirámide”, “multinivel” o “herbalife”? ¿Sin que necesite un Ph. D. en economía y finanzas?  ¿Sin tener que abrir una iglesia cristiana? ¿Sin el riesgo de una condena a 40 años de cárcel? Si alguien sabe algo que yo no sé, en nombre de la inteligencia colectiva de la red se lo agradezco. Porque sobre dinero, francamente tengo todo por aprender. Y esta vez, aprenderlo bien.

Cambios de prioridades

Una entrada breve para marcar un punto de inflexión sobre las prioridades, no sólo del blog, sino de la vida de quien lo escribe. Por prioridades me refiero a lo que antes había descrito como intereses: juegos abstractos, azar, reflexiones personales, etc. Pero en las últimas semanas he tenido otras motivaciones para interesarme en otras cosas en detrimento de otras que voy a comentar en lo que viene al final.

El ajedrez, por ejemplo. Durante mucho tiempo, el ajedrez fue uno de los pocos refugios que tuve, pero ahora, y sobre todo con los últimos intereses que me mueven, lo estoy considerando casi una pérdida de tiempo. Siempre se ha dicho que el ajedrez es un boxeo mental, y al igual que el boxeo, es una lucha de egos. Ahora no tengo ego suficiente como para buscar endorfinas a base de ganar, o pensar en dejarlo de una vez por todas a punta de perder. El ajedrez se ha vuelto algo que tal vez nunca comprenda del todo, o que de comprenderlo no valga la pena.

Diría alguien que esas son palabras de mal perdedor; diría que son de muy buen perdedor -sobre todo de esa clase de jugador que extrae brillantísimas derrotas de partidas muy ganadas-. No quiero despotricar en contra del ajedrez (tampoco hace falta esforzarse mucho), y seguirá siendo una opción como ejercicio mental, pasatiempo o lo que sea, pero viendo sobre todo el tiempo que demanda convertirse en maestro, viendo a quienes lo practican, a quienes lo consideran signo de superioridad intelectual, y hasta a quienes viven de él, creo que es -sobre todo a la luz de lo que viene al final– una pérdida de tiempo.

Hablando del resto de juegos abstractos y otros, he estado desarrollando un par de juegos basados en cartas coleccionables, uno de ellos también orientado a ser juego de rol en solitario o algo así, pero por ahora es otro proyecto que va a estar aparcado un buen tiempo. Son juegos muy básicos pero que han demandado mucho tiempo, sobre todo porque estoy desarrollándolos sobre la única plataforma de “programación” que conozco: macros en Excel. Si lo que viene al final sale bien, tal vez publique algunos archivos y hasta solicite testers y todo eso.

Sobre el Baloto y otros juegos de azar, nunca tuve la idea de ganar lectores a base de estos artículos, aunque ya me han reportado visitas, resultados en buscadores y hasta un par de comentarios. El Baloto está muy relacionado con lo que viene al final, y probablemente siga siendo fuente de algunos artículos más, pero aunque tuviera una formación matemática excepcional, no creo que sea posible sacar más partido estadístico de algo que, como todo buen juego de azar, hace lo que le da la gana. Hay un par de campos más para estudiar, pero eso dependerá de cómo salga lo que viene al final.

Bueno, ¿y qué rayos es lo que viene al final? Pues ya que estamos en el final, a eso lo he llamado reeducación financiera. Es la base del replanteamiento personal de toda una vida de educación para la dependencia, y de un futuro lleno de incertidumbre. Aunque mi situación financiera es técnicamente buena, el tiempo no pasa en silencio; y no voy a esperar a estar de nuevo en la cornisa para saber si existe algo mejor que lo que tengo ahora, o para saber qué es realmente el dinero. He encontrado muchas cosas sobre las que quiero escribir en próximos artículos, pero sigo buscando opciones de ahorro e inversión diferentes a las que han producido el hipotecado mundo que conozco.

Aún queda mucho por resolver en la base de la pirámide de Maslow. Aquí es donde un objetivo de escribir un blog personal sea pedir consejo al mundo. Y donde mover fichitas* en una mesa se vuelve una imperdonable pérdida de tiempo.

* Sí, yo soy de los primeros que corrigen a quienes dicen fichas en vez de piezas (de ajedrez). Pero en serio, ¿acaso importa ahora?

Religión (I): creer en lo que no sirve para nada

Aviso de responsabilidad para dummies: Blog personal = opinión personal.

No hay otra conclusión posible. Por mucho tiempo que haya dedicado a pensarlo desde cuando se adquiere consciencia del mundo, a pesar de media vida entregada a soportar el adoctrinamiento a través de la culpa y el miedo conocido como educación religiosa, y cuando cada minuto del día viene acompañado de su propia angustia existencial, no me es posible llegar a una conclusión diferente: las religiones no sirven para nada.

Para nada útil y positivo, quiero decir. En estos tiempos de neoilustración y ciberenciclopedismo, es muy fácil preguntarse: ¿”Para qué sirve la religión”?; pero aunque se pueden encontrar muchas respuestas, todas asumen uno de dos puntos de vista: el de quienes defienden a las religiones y el de quienes las cuestionan. Sin embargo, el auge de las ideas de quienes atacan a las religiones, la belicosidad de quienes las defienden y la apatía de quienes las practican, sólo permiten concluir más o menos lo mismo en términos más específicos: la utilidad de la religión para influir positivamente en el desarrollo personal (y por tanto, de una sociedad) es tan baja que su desaparición no convertiría esta sociedad en algo sensiblemente diferente. Con religión o sin ella, mañana será otro día.

Esto iba a ser una entrada de introducción a “Nuevos intereses”, pero en realidad también es un poco un ejercicio de catarsis a costa de hablar mal de la religión. Por mucho que me identifique con sus detractores, sólo quiero resumir mi experiencia con todo aquello que trasciende la realidad tridimensional, como diría algún filósofo de morondanga que conocí; y eso incluye cosas más allá de la religión. Para empezar, voy a responder algunas preguntas que seguramente me harían si creyera provechoso participar de un debate.

¿Qué entiendo por religión? Por muy personal que sea mi opinión, sería como responder a “¿Qué entiendo por fútbol?”“¿Qué entiendo por matemáticas?”. Las cosas son lo que son, y una buena forma de quitarle valor objetivo a una respuesta es comenzarla con frases como “Yo pienso que…” o “Para mí, …”. Así que siendo lacónicos y en modo diccionario: la religión es una actitud del ser humano hacia sí mismo y hacia los demás basada en la creencia en una entidad sobrenatural. Punto.

¿De qué religión estamos hablando? Como la fe parece ser más un asunto de geografía y tradición que de verdad absoluta e irrefutable, me limito a hablar de lo que me enseñaron a creer en esta vida y en este suelo: el cristianismo, y su principal vertiente, el catolicismo. Podría decir muchas cosas sobre otras religiones del resto del mundo, pero como diría aquella amiga de Mafalda, por suerte el mundo queda muy lejos.

¿Cual es su idea de dios? Sí, con minúsculas, porque escrito como si fuera un nombre propio sólo contribuye a la idea de que “sólo existe un dios verdadero”; una violación de patente por apropiación de la marca registrada “Dios”, como si nunca se hubiese hablado de los dioses de chorrocientas mitologías sin que se sepa qué hace más real a uno que a otro. ¿Mi idea de dios? El dios de la biblia. Ese del antiguo testamento que se contradice a cada párrafo con el del nuevo. El que lo ve y lo puede todo y no quiere o no es capaz de hacer nada. El que se ofende si no es adorado y se siente robado si no se le paga un diezmo. El que cuando los demás se empeñan, hace milagros, y cuando algo malo pasa es porque sabe como hace sus cosas. Ese dios.

Pero siendo honestos, es el mejor concepto que tengo de algo que, gracias a quienes hablan de su dios como si quedaran a almorzar con él cada ocho días, no sé qué es. Podría explayarme exponiendo las contradicciones, paradojas y cosas sin sentido sobre la idea de dios, pero nadie me ha explicado nada que no sea un insulto a la inteligencia para demostrar que estoy equivocado. La primera conclusión sobre lo útil de la religión es que muy inútil debe ser una religión que no es capaz de explicar siquiera la idea de dios en la que se basa.

Es que para eso es la fe, dicen unos. Invocar al espíritu santo para leer la biblia, dicen otros. Palabras tan carentes de sentido práctico como “escucha tu corazón” -supongo que no se refieren a usar un estetoscopio-. Obedecer ciegamente lo que dice un libro escrito a pedazos desde hace sesenta siglos. Los devotos viven mejor y son -o se creen- mejores personas que quienes no practican ninguna religión. Dicen. Quisiera creerlo, pero tengo el pequeño problema de vivir en el mundo real, donde el agua no se convierte en vino y no se multiplican los panes ni los peces.

¿Cual es la utilidad práctica de creer en alguna religión? Porque aparte de preceptos de sentido común sobre alcohol y tabaco, de mandamientos y prohibiciones, el único sentido de la religión es conseguir una presunta vida eterna en el reino de los cielos mientras que sus profetas modernos se dan la gran vida aquí en la tierra. ¿Que sirve para tener un sentido de vivir? Eso sólo es posible si primero se inculca en el individuo el sentimiento de culpa por el solo hecho de nacer -el pecado original, que llaman-, y luego el miedo: miedo al pecado, miedo a la muerte, miedo al infierno. Control social de manual a gran escala. Así que por ahora lo dejo aquí, porque me temo que esto va para largo.

P.D.: Gracias a la gente de WTF? Microsiervos, he encontrado una curiosa imagen que no sólo prueba el propósito (o mejor, despropósito) de la religión, sino también es una prueba en cada detalle de ese “amor cristiano” hacia el prójimo que quiera rebatir con argumentos su manera de “pensar”:

¿La perfección de la obra de dios?
¿La perfección de la obra de dios?

Mis sitios personales

Como parte del reaprendizaje del mundo de la Internet post-Geocities y demás, he abierto un sitio personal en un servidor de hosting gratuito, sólo para experimentar. La página principal del sitio es http://wedrey.hol.es/, dentro de la cual también hay un blog (http://wedrey.hol.es/blog/) que será en principio una copia de éste, así como una página wiki personal (http://wedrey.hol.es/wiki/index.php).

Iba a abrir un foro también, pero sería el colmo de la introversión crear un foro unipersonal. La idea del sitio es tener un sitio de experimentos para trabajos relacionados con páginas web por encargo, aclarando que sólo conozco lo más básico de programación y diseño web. Sin embargo, considero útil una página wiki para complementar los análisis que hago en el blog, así como para exponer mis propios temas y proyectos. Y la idea de un blog secundario como espejo de este se debe a querer estudiar las diferencias entre las dos plataformas de WordPress: la .com y la .org.

Sobre esta última, por ejemplo, si quiero crear un artículo de ajedrez, parece más fácil incluir visores de archivos PGN instalando un plugin; algo que por lo menos hasta ahora no he podido consultar cómo se hace en los blogs alojados en wordpress.com, y lo mismo con otros plugins, lo que al parecer pone a esta plataforma en desventaja respecto de otras como Blogger. A experimentar y veremos.

Aunque el sitio está en línea, aún queda mucho trabajo por hacer, sobre todo cuando se pasa de un mundo en que se hacían páginas en Word o FrontPage y se subían a Geocities, a un mundo en el que la tendencia es el HTML5, el CSS3 y el “diseño responsivo” -un diseño unificado y adaptado a PCs, tablets y teléfonos móviles-. Esta última tendencia me reconforta en el sentido de que adopta la llamada filosofía “KISS” (Keep it simple, stupid!), porque si algo necesito ahora es justamente eso: mantener las cosas simples.